Cómo Mejorar la Comunicación en la Familia

viernes 08 de junio de 2012 - 12:24 p.m. 84325
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En la familia, una mala comunicación puede dificultar las relaciones entre los padres y los hijos. Es común escuchar adolescentes que afirman que sus padres no les entienden o a padres decir que sus hijos no les hacen caso...

Cómo Mejorar la Comunicación en la Familia

La comunicación juega un papel vital en todos los campos en los que nos desarrollemos.

Los seres humanos necesitamos desarrollar la capacidad de comunicarnos pues de esta depende nuestra adaptación a los distintos espacios en los que debemos desenvolvernos. Nos es necesario expresar nuestros estados de ánimo, aprender a comunicar lo que necesitamos

Las bases para una comunicación efectiva y sana dentro del vínculo familiar se debe de trabajar. Muchas veces encontramos en las familias temas que están vedados, mitos, rituales, secretos familiares….

En la familia, una mala comunicación puede dificultar las relaciones entre los padres y los hijos. Es común escuchar adolescentes que afirman que sus padres no les entienden o a padres decir que sus hijos no les hacen caso. En ocasiones pareciera que dentro de una misma familia todos hablan lenguajes diferentes.

Cuando la comunicación tiene como objetivo el entendimiento mutuo, la vida social tiene mejores pronósticos.

Ahora bien, la presencia de conflictos en la familia no quiere decir que los padres e hijos no quieran comunicarse, más bien se trata de que en muchas ocasiones no saben cómo comunicarse.

Veamos algunos principios prácticos que le permitirán practicar una comunicación efectiva:

Toda comunicación tiene dos elementos esenciales: un emisor y un receptor; en otras palabras; alguien que habla y alguien que escucha. Entre ellos va a existir un mensaje ( lo que se dice o se quiere comunicar).

A la hora de comunicarse debe haber una disposición de ambas partes para comunicar y para escuchar el mensaje. Sin embargo, es en los primeros intentos en donde podemos fallar: como padres y madres, en ocasiones no hemos dejado a los hijos/as terminar de hablar, cuando se precipitan como una tormenta, lluvias de reclamos y regaños; no faltara el ligamen con alguna travesura cometida días o meses atrás.

Hablemos ahora del lenguaje. Existen dos tipos de lenguaje; el verbal y el no verbal. El primero tiene que ver con el contenido (lo que se quiere comunicar), en el segundo se dejan ver todos los acompañamientos del primero: gestos de enojo, asombro, ira, tristeza, preocupación; sudoración, señales de ansiedad… Por ejemplo; cuando se le refiere a los hijos que no miren de determinada forma a los padres/madres cuando les están regañando; o cuando a pesar de que le pregunte en repetidas ocasiones a su pareja si esta enojado/a y esta responde que no; algo en la mirada o en el gesto le hace ver que en realidad se esta cocinando un volcán dentro de el/ella.

A partir de las ideas anteriores podríamos entonces pensar que la buena comunicación entre padres- madres/hijos-hijas, se basa en el intercambio de mensajes que tengan como objetivo la expresión mútua. No se trata que solamente una de las partes se haga sentir o exprese sus criterios; sino que ambas partes puedan exponer sus puntos, simple y sencillamente para expresarlos y no dejarlos adentro.

En ocasiones los problemas llegan cuando los mensajes que comunicamos son ambiguos. Por ejemplo, una niña de casi cuatro años aprende ir al baño sola. Cuando termina de orinar le grita desde el baño a la mamá: – Yaaaaaaaa…; la madre le contesta desde otro lugar de la casa: – jale la cadena y baje la tapa. Tras unos segundos la niña le dice de nuevo a la mamá: – yaaaaaaaaaa… Sin embargo, la mamá no logra escuchar el ruido que hace el servicio sanitario cuando se jala la cadena por lo que le repite la indicación…. Después de un rato de repetir la misma comunicación, la madre se dirige a percatarse porque la niña ignora su indicación y tras de todo le dice que ya lo hizo cuando de plano la experiencia y su oído agudo no la pueden engañar. Llega al baño y se encuentra a la niña jalándose la cadena (gargantilla) que tiene en su cuello. ¿Estaba jalando la cadena? Sí. Solo que la cadena equivocada. Este ejemplo nos muestra que un mensaje ambiguo (con dos o más significados) puede ser mal entendido, por lo que se imposibilita cerrar el círculo de comunicación mutua.

Comparto con ustedes una lista de características que debe tener una buena comunicación:

1.- En una buena comunicación; tanto el emisor como el receptor expresan su mensaje. Cuando hay respeto y aceptación mutua entre padres-madres/ hijos-hijas, aumentan las posibilidades de desarrollar una buena comunicación. Nada pierde escuchando. Aún y cuando la solicitud que le hace su hijo/a va a tener una negativa como respuesta; escúchele sin tratar de convencerle de que usted tiene la razón; después de todo, usted la tiene …. ¿O no? Evite dar mensajes no verbales de fastidio, enojo….

2.- En la buena comunicación el receptor esta atento al mensaje. Deje a un lado lo que esta haciendo, controle su reacción inicial; o sea, no responda con espanto o con regaños de buenas a primeras. Cuide la reacción emocional ante el mensaje; pues de no ser así la respuesta que demos podría bloquear la comunicación. Nos debe interesar que es lo que se trata de comunicar. Escuche de principio a fin. Cuando no este seguro de haber captado el contenido, devuelva el mensaje en forma de pregunta. Evite entrar en sermones o emitir juicios de valor precipitados. Por ejemplo, unos padres me cuentan avergonzados su forma de reaccionar cuando su niña de escasos siete años empieza a hacerles preguntas relacionadas con sexo. La niña simple y sencillamente cambiando canales había visto una escena corta de una pareja que tiene algún tipo de contacto sexual (besos y caricias). Ante la primera pregunta de la niña, los padres se precipitan y le dan una cátedra de sexualidad. Al final de ésta, la niña les dice que si ahora le pueden contestar su pregunta: ¿los besos pueden embarazar? Bastaba con devolverle la misma pregunta: ¿crees que los besos pueden embarazar? La respuesta de la niña sería un sencillo no.

3.- Cuando escuchemos, expresemos por medio de gestos adecuados, interés. Establezca y mantenga contacto visual con ellos/as. Oriente su cuerpo en dirección a ellos/as, adopte una postura reposada.

4.- Busque una comunicación congruente entre el mensaje verbal y el no-verbal. Esto quiere decir que trate de reforzar lo que dice con sus gestos y su mirada. Por ejemplo: Un hijo le pide a su papá que le ponga atención. El papá viendo un trabajo en su computadora le contesta: – si, hijo, te estoy poniendo atención.

5.- Sea claro y conciso. Bien lo dice el viejo refrán: “Al buen entendedor, pocas palabras” Trate de ordenar sus pensamientos. Si la emoción le gana; postergue. No es malo que le pida a su hijo/a un tiempo mientras medita y organiza sus ideas. Sobre todo evite precipitarse, pues esto si puede llegar a afectar la confianza y la relación con su hijo/a.

Por último, recuerde que una buena relación depende de dos. Invierta en la suya.

Estaré desarrollando más de este tema en una segunda entrega.

Licda. Tatiana Carrillo Gamboa
Psicóloga y psicopedagoga.


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