Dios busca verdaderos adoradores, que lo adoren en espíritu y en verdad

martes 16 de agosto de 2011 - 08:50 a.m. 22062
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“La hora viene y ahora es cuando los verdaderos adoradores, adoran en espíritu y en verdad; porque tales adoradores, busca el Padre que le adoren”. S. Juan 4:23.

Dios busca verdaderos adoradores, que lo adoren en espíritu y en verdad

Durante el Antiguo Testamento encontramos a Dios revelándose, hablando a Su Pueblo, directamente por El Padre. En el Nuevo Testamento, Dios nos habla por el Hijo, pero El mismo, se encarga de decirnos, que sucedería después de Su Ascensión a los cielos. El mandaría el consolador, el Espíritu Santo, por medio de quién, mantendríamos nuestra relación con Dios.

Hoy nosotros podemos adorar a Dios, por medio del Espíritu Santo quién perfecciona nuestra adoración.  La tendencia Humana cada vez que Dios hablaba, en ese momento, en el lugar donde estaba, era hacer un lugar de adoración, por eso dice la mujer Samaritana “nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén se debe adorar”. Jesús plantea en ese momento la gran verdad, una adoración que no está sujeta a las cuatro paredes de un templo, o un lugar especial, ni suspendida en la imaginación de los bohemios.

Cuando Jesús se transfiguró en el monte Hermón, Pedro ya quería construir tres enramadas, para quedarse allí, con esa experiencia hermosa que habían vivido. Pero esa no era la misión del Salvador, El había venido a buscar y Salvar lo que se había perdido y El no podía perder de vista Su Misión. Pero su tiempo de adoración también era importante.   Nunca debemos menoscabar la importancia de la adoración, pero tampoco podemos perder de vista el propósito de Dios al enviar a Su Hijo al Mundo. Es muy importante, recordar las palabras de Jesús cuando dijo a sus discípulos: “como el Padre me envió a mi, así también yo os envío”.



La Misión de Jesús tiene concordancia, con el envío del Señor a sus discípulos. Podemos adorar a Dios caminando por la calle, en la casa, trabajando o en la familia, el asunto es que adoremos con sumo honor, Al que merece toda la gloria.   Adoremos al Señor en “Espíritu y en verdad, porque tales adoradores, busca Dios que le adoren”, no puedo decir que adoro al Señor y no hago Su Voluntad.   ¡Ojalá que cada uno de nosotros seamos adoradores de verdad!

¡Señor ayúdame en este día para adorarte y obedecerte con todo mi corazón!

Por el Dr. Daniel L. Bustamante


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