Mi Confianza está en Dios

jueves 26 de enero de 2012 - 10:45 a.m. 4183
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Y no tenía necesidad de que nadie le dijera nada acerca del hombre, pues él sabía lo que en el hombre había. Juan 2:25.

Mi Confianza está en Dios

Son pocas las personas a quienes les confiaría mi vida: a mi esposa, mi familia, unos pocos amigos y mas importante, a Jesús. Fuera de ellos, confío algunas cosas en otras personas pero no al punto de confiarles mi vida.

La gente es muy inconstante. Un minuto son de una manera y de repente son de otra manera. Un día son tus amigos y el año siguiente no sabes nada de ellos. Inconstantes, infieles, egocéntricos, cambiando de un día para otro. Por supuesto, ellos tienen momentos o periodos de fidelidad, pero en general el ser constante es todo un desafío.

Jesús, en cambio, es fiel. Él es constante. No es egocéntrico. Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Él es digno de confiar.

Es entendible el no confiar en los demás. Tiene sentido. Lo entiendo. Las personas hieren, traicionan, te abandonan, se olvidan de ti o hasta te han abusado. Puede ser difícil el confiar en ellos. Algo sobresale en el versículo mencionado. Jesús sabía que no eran dignos de confianza, y sin embargo, aun así murió por ellos. Ninguna cantidad de errores disipará Su amor por ti, Él ya conoce todo sobre ti.

Acá hay dos cosas que puedes hacer:

1.- Confía en que Dios está trabajando en ellos. Si ellos conocen al Señor, entonces tienen el Espíritu de Dios en ellos. Confía que Dios está trabajando con ellos.

2.- Solo porque no puedes confiar en ellos no significa que no puedes amarles. Jesús no le confío su vida a ellos pero si dio Su vida por ellos. Sus infidelidades no excusan la tuya.

Hoy, está bien y es entendible si no confías en ciertas personas. No tienes que confiar en todos. No debes confiarles tu vida ciegamente. Pero hoy, escoge el confiar el Dios y que Él esta trabajando en ellos. Aun mas importante, aun si no puedes confiar en ellos, todavía puedes amarles.

…pero Jesús no confiaba en ellos porque conocía la naturaleza humana. No hacía falta que nadie le dijera cómo es el ser humano.  Juan 2.25


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