Dios mío, ¡tú eres mi Dios! Yo te buscaré de madrugada. Mi alma desfallece de sed por ti; mi ser entero te busca con ansias, en terrenos secos e inhóspitos, sin agua. Salmo 63:1.
¿Por qué te desanimas, alma mía?, ¿Por qué te inquietas dentro de mí?, Espera en Dios, porque aún debo alabarlo. ¡Él es mi Dios! ¡Él es mi salvador. Salmo 42:5.